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sábado, 23 de enero de 2021

VIVIR 120 AÑOS CON AYUDA DE FÁRMACOS

 


Nuevos descubrimientos científicos dan esperanza de alargar la vida útil de las personas hasta cerca de cien años. Gracias a comprensión de los mecanismos desencadenados por hambrunas se han podido traducir en más años de vida para aquellos que la sufrieron. Esto, también, llevo a encontrar medicamentos que realicen los mismos efectos de la falta de ingesta de alimentos.

   En marzo de 2016 se descubrió que Israel Haifa, un viejo confitero retirado, cumplió 112 años y 178 días. El nació en 1903 y la esperanza de vida de un niño en Polonia era de 45 años. De su infancia recuerda haber lanzado caramelos al emperador austrohúngaro Francisco José I. Como adulto, dirigió una fábrica de caramelos en las proximidades de Lodz. En su larga vida ha visto dos guerras mundiales y sobrevivió a casi 12 meses de cautiverio en campo de concentración, tres de ellos en Auschwitz. Su mujer y dos hijos murieron ejecutados. Tras contraer nupcias de nuevo, emigró a Israel, donde se dedicó a fabricar de forma artesanal golosinas. En la actualidad, tiene una veintena de bisnietos.

   Actualmente, en el mundo desarrollado, la esperanza de vida media de un varón llega a los 80 años. Pero sólo dos de cada 10 mil personas llegan al centenario, en su gran mayoría mujeres.



    Kristal se acerca al límite de la longevidad observada en los varones, pero nunca se ha conseguido superar al francés Jeanne Calment, que en 1997 murió a la edad de 122 años.


Personas que pueden vivir 100 años

    ¿Qué pasaría si, en vez de traspasar los 80 u 85 años, una persona viviera 100, o incluso 112 años?  Algunos científicos piensan que las personas centenarias envejecen más despacio que las demás. Descubrimientos dignos de confianza de las investigaciones biológicas que se llevan a cabo en la actualidad indican que los periodos de gran hambruna, influyen en la longevidad de las células. Estas investigaciones están mostrando un modo de extender ese límite de edad, no mediante dietas sino con medicamentos.

   En estos momentos existen media docena de medicamentos o suplementos, todos aprobados para el uso de humanos con este fin, que actúan sobre mecanismos celulares que parecen mejorar la reparación de los daños internos y, así, ayudan a prolongar la vida.

   En el caso de algunas de estas sustancias, entre las que figuran un fármaco antitumoral, ya se ha comprobado que prolonga la longevidad media y máxima de vida, tanto en ratones como en otros animales de laboratorio. Por ejemplo, un conocido antidiabético llamado metformina será el protagonista de los primeros ensayos clínicos concebidos para desvelar si un medicamento puede retrasar el envejecimiento humano.

   Todo esto ha llevado a afirmar a un grupo de expertos que los lectores de este artículo tendrán una longevidad mayor que las anteriores generaciones. Esperan que podría ocurrir un importante incremento en el nivel medio de vida de la población, dicen que dentro de los próximos 40 o 50 años será posible un aumento entre el 25 y el 50% en la longevidad de las personas.



 
 Más allá de la dieta

   Desde los años treinta del siglo 20 se sabía que la alimentación deficiente podría alargar la vida de los animales de laboratorio; hasta un 40% de lo normal. Incluso personas que no son científicas, creen que los episodios de hambruna vividos durante y después de la Segunda Guerra Mundial pudieron haber contribuido a su longevidad. La restricción calórica no ha dado resultados definitivos en experimentos con monos, pero se están estudiando alternativas farmacológicas en lugar de reducción de ingesta de alimentos. Estas son otras alternativas para reducir la velocidad del metabolismo, que puede favorecer la longevidad.

   En 2001, un científico se marchó por el fin de semana de su laboratorio, olvidando alimentar a las células de levadura que se tenía en un matraz para un experimento, al comprender su error encontró que las levaduras, por este ayuno, pudieron vivir más de lo habitual. Al investigar descubrió el ayuno desencadenado una reacción fisiológica, en las células sobrevivieron al ayuno, que alargaba la vida en las levaduras.

La aparición de la rapimicina

   El estudio de la Rapamicina, un medicamento hallado en las bacterias del suelo, permitió el descubrimiento de toda una serie de reacciones celulares que ayudan al organismo a sobrellevar periodos de ayuno prolongado. Este fármaco actúa sobre una de las principales vías que regula el crecimiento y la división celular. Los investigadores llamaron a esta línea de reaccione celular como mTOR (lo que se traduce como Objetivo Mecánico de la Rapamicina).  Cuando el mTOR se activa, la fabricación celular opera con normalidad, sintetiza nuevas proteínas, creciendo y dividiéndose normalmente. Cuando éste se reprime, que ocurre cuando se consume la rapamicina o falta la ingesta de alimentos por un breve periodo de tiempo, el crecimiento y la división celular se frenan o se detienen. Es por eso que este medicamento es un eficaz inmunodepresor, lo que permite que los órganos trasplantados no sean atacados por el paciente y, recientemente, se ha usado contra el cáncer, ambos procedimientos impliquen la división celular.

   Cuando los nutrientes escasean, las enzimas se detienen y la fabricación celular comienza a operar con mayor eficacia, reciclando las proteínas viejas para fabricar nuevas, e incrementando la actividad de los mecanismos de duplicación y reparación celular, estos son procesos que frenan la actividad metabólica de la célula para esperar tiempos mejores.

   Se publicó en una revista científica que la rapamicina alargaba la vida de los ratones de laboratorio. También se encontró que los ratones que recibían el medicamento gozaban de buena salud y vigor durante más tiempo, sus tendones permanecían más flexibles y elásticos, lo mismo ocurría con el corazón, los vasos sanguíneos y el hígado. de rapamicina mejora a las a los ratones, aunque ya estén viejos.

   Estos resultados pudieron ser comprobados por otra serie de experimentos, donde se mejoró los métodos de investigación. Y recientemente se han encontrado otros medicamentos que producen los mismos resultados en los ratones.

 Los datos no favorables

    Se ha encontrado que la rapamicina tiene efectos secundarios no deseados. El primero es que al frenar el sistema de división celular también se afectan muchas actividades celulares, indispensables, se puede reducir la eficiencia del sistema inmunológico para sacar enfermedades infecciosas comunes, como gripes o fiebres.

   También se ha encontrado que este medicamento en altas dosis podría provocar una atrofia testicular. Los testículos, como los ovarios, necesitan de la división y especialización celular para que produzcan espermas y óvulos, la rapamicina frena estos procesos. Y por lo tanto las hormonas sexuales, indispensables para el correcto funcionamiento del cuerpo disminuyen mucho por el consume de este medicamento. Cuando los órganos sexuales dejan de producir las hormonas estos se atrofian.

viernes, 25 de diciembre de 2020

¿LA MUERTE ES REVERSIBLE?

 



 La muerte no es algo en que la gente piense de manera habitual, todos tenemos la idea de que algún día vamos a morir, pero nadie trata de profundizar mucho en eso. Por lo general la gente se refugia en la religión para garantizar una vida eterna en un paraíso. Pero fuera de eso no se tiene una seguridad de que pase después.

Siempre se ha buscado la manera de saber cuando una persona  se considera muerto: esto era cuando dejaba de respirar y no se sentía sus latidos cardiacos, ni su pulso y, entonces, no había más que hablar; la muerte era un momento bien delimitado en el tiempo. Pero todo esto cambió a mediados del siglo 20, con la llegada de los respiradores mecánicos, los marcapasos cardíacos y los cuidados intensivos modernos, estos desvincularon el aparato cardiopulmonar del cerebro, órgano coordinador de la mente el pensamiento y la acción.

   Existen casos en los que una persona declarada con muerte cerebral sigue teniendo todas las funciones normales durante largos periodos de tiempo. Tenemos el caso de Jahi McMath, una niña de 13 años, en el 2013, que al realizarse una operación muy delicada tuvo un derrame cerebral  intenso, que llevó a los médicos a declararla legalmente muerta.

   Pero los padres no se dieron por vencidos, decidieron trasladar a su hija a Nueva Jersey donde la ley no consideraba legalmente muerta a una persona con daño cerebral fuerte. Desde entonces se ha mantenido con vida, se ha desarrollado y ha crecido, pero no ha vuelto a abrir los ojos, ni a hablar, y, tal vez, ni a pensar.

   Se han dado casos en que mujeres embarazadas son declaradas con muerte cerebral, pero se mantienen vivas por medio de respiradores y se alimentan por medio de suero. En más de 30 casos se ha podido lograr que el bebé acabe su desarrollo dentro del vientre de su madre y después nazca sin ningún problema, aunque legalmente su madre haya muerto tiempo atrás.

   Los cambios en la ciencia y la tecnología han cobrado fuerza legal en Estados Unidos con la Ley de Determinación Uniforme de la Defunción, de 1981, que define la muerte como la interrupción irreversible de las funciones cardiorrespiratorias o del funcionamiento de las estructuras intracraneales. Dicho llanamente: cuando muere el cerebro, muere la persona.

   El cese de la función encefálica es lo que define la muerte, pero no ayuda a diagnosticarla clínicamente, ya que los procesos biológicos pueden persistir aunque deje de funcionar el cerebro. De hecho, es posible mantener «vivo» o en «soporte vital» a un cuerpo en muerte cerebral durante horas, días e incluso más tiempo. Para los familiares y amigos del difunto, es dificilísimo asumir lo que ocurre: cuando acuden a la unidad de cuidados intensivos, se encuentran que el tórax sube y baja, que tiene pulso, que el color de la piel parece normal y que el cuerpo sigue caliente. Su ser amado, que aparenta estar mejor que otros pacientes, legalmente es un cadáver, por mucho que le siga latiendo el corazón. Los médicos lo mantienen conectado a un respirador, en este estado de «semivida», porque es un donante de órganos en potencia: una vez obtenida la autorización, le extraerán el corazón, los riñones, el hígado o los pulmones, de los que siempre hay una enorme demanda.

   A pesar de los avances técnicos, la biología y la medicina todavía no explican de forma precisa, coherente y fundamentada qué define el nacimiento y la muerte, los limites que demarcan la vida. Aristóteles escribió en su tratado acerca del alma, hace más de dos mil años, que los seres vivos son más que la suma de sus partes; el filósofo propugnaba que el alma vegetativa de todo organismo (planta, animal o persona) es la forma o la esencia de ese ser vivo.

   El alma vegetativa rige las funciones de nutrición, crecimiento y reproducción, que dependen del cuerpo; cuando desaparecen dichas capacidades vitales, ya no estamos ante un organismo animado (término que proviene del latín anima, «alma»). El alma sensitiva permite a los animales y las personas percibir el mundo y su cuerpo; es lo más próximo a lo que actualmente llamamos «experiencia consciente».

   Fijémonos en la palabra irreversible dentro de la definición contemporánea de muerte encefálica. Sin una fórmula conceptual clara que indique cuándo está vivo o muerto un organismo, la irreversibilidad depende de la tecnología vigente en cada momento, que evoluciona sin parar. Lo que era irreversible a principios del siglo xx (la abolición de la función respiratoria) pasó a ser reversible a menos de cien años después. ¿Tanto cuesta imaginar que quizás ocurra lo mismo con las funciones encefálicas? Un experimento reciente sugiere que esta idea ya no es mera fantasía.

Reanimación parcial del cerebro

   Este año se dio un experimento excepcional: un grupo de científicos, aprovecharon los centenares de cerdos sacrificados en un matadero. Los investigadores extrajeron el cerebro del cráneo de los animales y conectaron las arterias carótidas y las venas del organismo a una máquina de percusión que actuaba como corazón: bombeaba algo parecido a la sangre, una mezcla artificial de compuestos que transportaban oxígeno y fármacos para evitar que las células sufrieran daños.

   Estudiaron la viabilidad de los cerebros de los cerdos cuatro horas después del aturdimiento por electronarcosis, el degüello y el sangrado. A primera vista, los cerebros conectados parecían relativamente normales. Al circular el líquido, se observó que la intrincada red vascular que irriga el cerebro respondía adecuadamente; se conservó la integridad del tejido y se redujo el edema que provoca la muerte de las células.

   Lo que no se observó fueron las ondas cerebrales propias de los electroencefalogramas. Los electrodos colocados en la superficie de los cerebros no detectaron actividad eléctrica global: ni las ondas lentas que cruzan la corteza cerebral a un ritmo constante durante el sueño profundo, ni las exacerbaciones abruptas seguidas de un silencio. Solo apareció una línea recta (una línea isoeléctrica global), que denotaba la ausencia de cualquier tipo de consciencia. Un cerebro que guarda silencio (en términos eléctricos) no alberga experiencia psíquica alguna. En todo caso, esta situación no fue ninguna sorpresa; por el contrario, el equipo la buscó expresamente, añadiendo en la solución perfundida una mezcla de fármacos que anulan las funciones neuronales y las comunicaciones sinápticas.

   ¿Qué habría pasado si los científicos no hubiesen añadido neurobloqueantes a la solución? Lo más probable, nada. Que unas pocas neuronas conserven una mínima excitabilidad no implica que millones de ellas vayan a reorganizarse espontáneamente y recobrar la actividad eléctrica global. Pese a todo, no es descartable que, con un poco de ayuda externa, con algo así como un desfibrilador cortical, se pudiese «reiniciar» un cerebro muerto y reanimar los ritmos encefálicos característicos del órgano vivo.

   Pero queda una pregunta obvia: ¿se puede aplicar esta técnica al cerebro humano? Antes de horrorizarnos, pensemos lo siguiente: si apareciera nuestro hijo, o nuestra pareja, ahogado o víctima de una sobredosis, sin pulso ni aliento desde hace horas, ¿qué querríamos que hicieran los médicos? Hoy en día los declararían muertos. ¿Podría cambiar esta situación mañana, con la técnica que ha diseñado el equipo de Yale? ¿No es acaso un fin noble?

    Sin duda, no hasta que no sepamos si el cerebro reanimado de un animal presenta la actividad eléctrica global típica de un cerebro sano, sin señales indicativas de dolor, sufrimiento o angustia extremos.

 

 


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  Los científicos tratan de averiguar por qué se extienden tan rápido las mutaciones de la variedad delta del SARS-CoV-2. También intentan a...