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domingo, 12 de julio de 2020

¿CÓMO PERCIBIMOS CADA PEQUEÑO EVENTO EN NUESTRA VIDA?


 

Nuestros recuerdos son eventos fraccionados

   El paso de cada segundo en nuestra vida está marcado por los eventos que ocurren en él y que se pueden extender más en el tiempo. Estos eventos conforman gran parte de nuestra experiencia vivida. Estos momentos pueden tener gran importancia en nuestras acciones, el uso del lenguaje y los recuerdos. Pero dichos eventos son interpretados por nuestros conocimientos y experiencias, tanto en la precepción del momento como en la memoria, y ambos están bien documentados por el conocimiento acumulado de experiencias anteriores.   

   Para poder entender los eventos estos son segmentados a partir de la experiencia continua, y enfatizan la codificación común de eventos para la percepción, la acción y la memoria. La percepción de eventos y la memoria muestran un desarrollo prolongado desde la infancia y se ven afectados por el uso del lenguaje, la experiencia y los trastornos y lesiones cerebrales.

 

Los eventos continuos

   La percepción de eventos es el conjunto de mecanismos por los cuales un organismo representa la actividad en la que está sumergido en su conciencia. La investigación sobre la percepción de los acontecimientos tiene raíces en la psicología Gestalt, en la causalidad perceptiva, en la psicología ecológica del comportamiento humano y en la psicología social. También surgió las relaciones entre objetivos y eventos, el hecho de que los eventos son efímeros, desaparecen incluso cuando ocurren, y las estrechas relaciones entre los objetivos en la acción humana y las partes de los eventos en la percepción.

 
Como entender el caos de la vida

   La experiencia diaria se puede describir como caótica. Los movimientos específicos de las hojas en la brisa o de las personas en una multitud son impredecibles y son sensibles a pequeñas fluctuaciones. Al mismo tiempo, la experiencia diaria de un conjunto se puede describir como altamente estructurada, regular y predecible. Los patrones más grandes de hojas al ser sopladas por el viento o multitudes de personas dirigiéndose a sus trabajos son a menudo bastante sencillos; las acciones de las personas se pueden predecir a partir de las metas que persiguen al hacer una acción, de las características que son estables en sus movimientos y de la situación a su alrededor. Lo que es especial, tal vez, acerca de la actividad humana es que las variables que lo llevan a hacer una acción se eliminan de las variables físicas relevantes: rastrean acciones e intenciones en lugar de movimientos, y rastrean objetos en lugar de formas o superficies. Los sistemas conceptuales humanos están orientados a rastrear la intención y el objeto, incluso cuando esto requiere olvidarse de lo que ven los ojos y oyen los oídos.

  Se encontró que los límites entre las fragmentaciones de eventos se presentan cuando la persona cambiaba de objetivos en los cuales pensaban en ese momento.

 

Como se comprenden los eventos

   Los eventos que son analizados y surgen de nuestro comportamiento, no son en sí mismos grumos indiferenciados. Más bien, tienen una estructura considerable dentro de ellos. Un evento se desarrolla dentro de un marco espaciotemporal e incluye partes como personas y objetos y las relaciones entre ellos. Los modelos de eventos de trabajo son representaciones perceptivas, ya que representan la actividad que se está desplegando actualmente. Al mismo tiempo, también están trabajando la representación de memoria, ya que ésta mantiene la información necesaria durante toda la duración de un evento. Existe una fuerte evidencia de que los modelos de eventos se establecen rápidamente durante la comprensión del evento y están respaldados por mecanismos neuronales especializados.

 

Los papeles que juegan las partes en un evento

   Las personas, observadores, tienden a clasificar a los participantes en el evento de acuerdo con su actividad, están los AGENTES (quién está haciendo la acción), los PACIENTES (a quién o qué se está haciendo la acción) y la ACCION (qué acción se está realizando). Los observadores pueden entender quién ocupa cada uno de estos “papeles”, en un tiempo de 37 milisegundos. Se puede saber el papel de cada persona simplemente analizando su pose, los agentes por lo general tienen poses estiradas, en cambio los pacientes están más distraídos. Los agentes están en movimiento, mientras que lo demás esta inanimado.  Los espectadores miran a los agentes más tiempo que a los pacientes y están más dispuestos a hacer predicciones sobre lo que sucederá en un marco posterior en base a esto.

   Cuando el observador trata de entender la acción se enfoca en el objetivo de la acción. Se busca la meta en lugar de sus movimientos. Este procesamiento de objetivos contribuye a la capacidad de los observadores para hacer predicciones sobre las próximas acciones. Por ejemplo, la mirada del observador anticipa qué objeto es el objetivo del alcance de un actor, de modo que los ojos caigan en el objeto objetivo mucho antes de que llegue la mano del actor; Esto es cierto tanto para los observadores como para los propios actores. Un aspecto importante de los objetivos es que son un componente de la estructura del evento al que los observadores y los actores tienen un acceso bastante diferente. Alguien que realiza una acción tiene acceso a la información sobre sus objetivos y planes a los que los observadores no pueden acceder. Las diferencias en la información disponible para los actores y los observadores pueden conducir a diferencias en la segmentación de eventos.

   Cuando alguien experimenta un evento en particular, puede aportar el conocimiento extraído de sus muchas experiencias con diferentes tipos de eventos. La forma en que un observador entiende un momento particular de un evento depende de cómo puede aportar ese conocimiento al estímulo inmediato.

 

Predicciones

   Existe una estrecha relación temporal entre la predicción y la segmentación de eventos. Cuanto más impredecible sea la actividad, más probable es que los participantes identifiquen los límites del evento para segmentarlo. Hacer predicciones explícitas sobre el futuro cercano es más difícil cerca de los límites de los eventos. Los movimientos oculares predictivos también son menos frecuentes cerca de los límites de los eventos.

 

 

https://www.annualreviews.org/doi/abs/10.1146/annurev-psych-010419-051101


lunes, 8 de junio de 2020

¿POR QUÉ OLVIDAMOS?


Somos el resultado de nuestros recuerdos, todo lo que hemos vivido nos define. Pero no todo lo que nos ha pasado lo tenemos guardado en la conciencia. Algunos detalles de nuestra vida los desechamos, pero guardamos con más interés los recuerdos que pueden ayudarnos a seguir adelante. Antes se pensaba que el olvido era un defecto de nuestra mente; ahora, los científicos se dan cuenta que olvidar es indispensable para que el cerebro funcione bien.

   Son los recuerdos los que nos permiten analizar a futuro y lanzar predicciones ante algunas circunstancias de lo que puede ocurrir. Son indispensables para llevar una vida social armónica y convivir con todo lo que nos rodea.

   El concepto del olvido ha estado cambiando con los años. Hace diez años los investigadores pensaban que los recuerdos de algún evento se olvidaban simplemente porque no se usaban, que se iban desvaneciendo como una foto vieja expuesta al sol. Pero hoy, los científicos que investigaban la memoria dieron con hallazgos que contradecían los viejos conceptos sobre porque recordamos.

   Un gran numero de investigaciones, generadas en la última década, decían que el olvido es un proceso activo donde el cerebro desecha los recuerdos sin importancia, para sustituirlos con nuevas imágenes. El olvido es un proceso activo que el cerebro dirige con ese fin: olvidar. En algunos, o quizá en todos, los animales el cerebro en su estado de descanso lo que busca es olvidar, no recordar. Estas nuevas ideas podrían ayudar en el tratamiento para padecimientos como la ansiedad, trastornos de estrés postraumático (TEPT) e incluso la enfermedad de Alsheimer.

   Se reconoce que: Para tener una función de memoria adecuada, debemos olvidar.


   La memoria se crea y almacena de diferentes maneras y en distintas partes del cerebro. Se sabe que los recuerdos autobiográficos, las experiencias personales, se inician en el hipocampo, en las horas y días que siguen al evento. Las neuronas se comunican entre sí por las sinapsis, pequeño espacio que existe entre el cuerpo de la neurona y la dendrita que llega a ella de otra neurona cercana, pero sin tocarse. En esta área la dendrita, para trasmitir un impulso, libera neurotransmisores y ellos llegan hasta el lado de la sinapsis que forma el cuerpo de la neurona. En el lado del cuerpo de la neurona se encuentra una proteína especializada en recibir los neurotransmisores. Una vez recibido el mensaje el cuerpo de la neurona manda, por medio de una reacción electro-química, un estímulo a través de su propio axón, hasta llegar a las dendritas que trasmiten el mensaje a la siguiente neurona.

   Las conexiones entre neuronas hacen un circuito o red neuronal que, al interactuar varias, pueden almacenar y evocar algún recuerdo. Cuanto más se recuerda un evento, más fuerte se vuelve la red neuronal que lo contiene. Con el tiempo, y mediante un recuerdo constante, la memoria se codifica tanto en el hipocampo como en la corteza. Finalmente, existe independientemente en la corteza, donde se guarda para el almacenamiento a largo plazo.

   Para marcar la existencia de un recuerdo estable en nuestro cerebro se refieren a engramas, una conexión de varias neuronas muy estable, piensan que tiene una cantidad de conexiones sinápticas, a veces incluso en varias áreas del cerebro, y que cada neurona y sinapsis pueden estar involucradas en múltiples engramas.

   Cada especie que tiene memoria, olvida. Sin excepción. No importa cuán simple sea el organismo: si pueden adquirir lecciones de experiencia, las lecciones se pueden perder.

   En 2012, un investigador descubrió que las moscas también perdían los recuerdos. Estudiaba un área del cerebro de los insectos muy llena de neuronas, relacionada con los recuerdos olfativos y sensoriales. Estaba interesado en comprender las neuronas que producían dopamina en este grupo de células. La dopamina, un neurotransmisor, participa en la moderación de una serie de comportamientos en el cerebro de la mosca, y el investigador propuso que este mensajero químico también podría desempeñar un papel en la memoria. Y poco después descubrieron que la dopamina es esencial en el proceso de olvido.

   Estos investigadores condicionaron a las moscas a asociar cierto olor a descargas eléctricas, de esta manera condicionaron a la mosca a evitar los lugares donde estaban presente el olor. Luego activaron las neuronas dopaminérgicas y observaron que las moscas olvidaron rápidamente la asociación. Sin embargo, bloquear las mismas neuronas conservaba la memoria.

   Descubrieron que las neuronas que segregan la dopamina están activas, en los insectos durante largo tiempo, dando la impresión de que el cerebro siempre está tratando de olvidar.

   También se descubrió lo propio en ratones, cuando estaban investigando qué sucede en las neuronas involucradas en el almacenaje de los recuerdos a largo plazo. Sabían que los recuerdos se mantienen en el cerebro de los mamíferos cuando las neuronas se unen con más fuerza en su sinapsis. Demostrando que olvidar es un proceso activo. Y se logra el olvido rompen las sinapsis de la red neuronal que contiene el recuerdo. Olvidar es un proceso constante y predeterminado.

   Otros investigadores estaban estudiando la producción de nuevas neuronas, o neurogénesis, en ratones adultos. Durante mucho tiempo se sabía que el proceso ocurría en los cerebros de animales jóvenes, pero se había descubierto en el hipocampo de animales maduros. Debido a que el hipocampo está involucrado en la formación de la memoria, se preguntaron si el aumento de la neurogénesis en ratones adultos podría ayudar a los roedores a recordar. Pero los investigadores encontraron exactamente lo contrario: en lugar de mejorar la memoria de los animales, el aumento de la neurogénesis hizo que los ratones olvidaran más. Los científicos pensaron que Cuando las neuronas se integran en el hipocampo adulto, se integran en un circuito existente y establecido. Si tiene información almacenada en ese circuito y comienza a volver a cablearla, entonces será más difícil acceder a esa información.

   Los investigadores piensan que el cerebro humano podría funcionar de manera similar. Nuestra capacidad para generalizar nuevas experiencias se debe, al menos en parte, al hecho de que nuestros cerebros participan en el olvido controlado. Se sugiere que la capacidad del cerebro para olvidar podría prevenir un efecto conocido como sobreajuste: en el campo de la inteligencia artificial, esto se define como cuando un modelo matemático es tan bueno para hacer coincidir los datos con los que ha sido programado que no puede predecir qué datos pueden venir luego.

    


https://www.nature.com/articles/d41586-019-02211-5




https://distanciaviento.blogspot.com/2020/05/como-almacenamos-recuerdos.html



lunes, 25 de mayo de 2020

¿CÓMO ALMACENAMOS RECUERDOS?


Los recuerdos que tenemos almacenados en nuestra memoria son valiosos, representan todo lo que hemos vivido y lo que somos, así también como todo lo que resulta interesante para nosotros.  ¿Pero qué son?

   Lo que a todo el mundo le resulta obvio es que nuestros recuerdos se encuentran almacenados en nuestro cerebro, en los millones de neuronas que lo forman. Pero, ¿Será una sola neurona o un gran grupo de ellas las que tienen asignado cada uno de nuestros recuerdos? Esta es la gran pregunta que se hacen los neurólogos en estos momentos.

   Según una serie de experimentos de pacientes con padecimientos muy peculiares que necesitan que les abran el cráneo, se han llevado a cabo pruebas donde les insertan en el cerebro finos microelectrodos que registran la actividad cerebral en ciertas áreas específicas. Esto permitió estudiar cómo se almacenan los recuerdos.

   Se ha llegado a conclusiones importantes con estas pruebas. La primera es que una sola célula no podría almacenar un solo recuerdo. Se prensó que los recuerdos son circuitos de neuronas que se tienen que activar para traer ese recuerdo a la conciencia. Digamos que la carretera del norte lleva a una ciudad en particular y que la carretera del sur a otra, son así las neuronas, una cierta red particular de neuronas traen un recuerdo y otra serie de neuronas traen otro, aunque algunas neuronas se utilicen para los dos circuitos.

   Se piensa que unas 18 mil neuronas son necesarias para crear un circuito que traiga a la conciencia un recuerdo. También se descubrió que las respuestas de las células eran bastante selectivas, se activaban ante una pequeña parte de la foto de las personas que recuerda. También encontraron que cada célula respondía a múltiples representaciones de un individuo o lugar en particular, con independencia de las características de la imagen mostrada en la fotografía. Las células se activaban de un modo similar ante diferentes imágenes de la misma persona, e incluso ante su nombre escrito o hablado. Esto quiere decir que las neuronas reconocerán a una determinada persona, que ya conozca, sin importar las diferentes posturas o ropa que use.

   Esto parece demostrar que las células nerviosas se activan ante una idea o concepto, como los rasgos de un rostro, el sendero en el bosque o ante el familiar dormitorio. Por ello, resultaría más apropiado llamarlas células de concepto. A veces se activan ante varios conceptos, pero cuando lo hacen, estos suelen guardar una estrecha relación.

   En el cerebro la imagen activa las neuronas en respuesta a una pequeña parte de todos los detalles que forman la imagen, comparables a los píxeles de una imagen digital, como un dibujo hecho con pequeños puntos.

   No basta con una neurona para saber si el detalle pertenece a una cara, una taza de té o la Torre Eiffel. Cada célula forma parte de un conjunto, una combinación que genera una imagen compuesta, como los pequeños cuadros de colores (pixeles) que forma una imagen digital. Si la imagen cambia ligeramente, algunos de los detalles variarán, y la descarga del grupo de neuronas correspondiente también lo hará.

   El cerebro necesita procesar la información sensorial además de captar una simple fotografía, debe reconocer un objeto e integrarlo con lo que ya sabe. La activación neuronal producida por una imagen en la corteza visual primaria atraviesa una serie de regiones corticales y se dirige hacia áreas más frontales. En estas áreas visuales superiores existen neuronas que responden a caras completas u objetos enteros y no a detalles. Una sola de esas células nos informa de que la imagen corresponde a una cara y no a la Torre Eiffel. Si variamos ligeramente la imagen, la desplazamos o cambiamos su iluminación, modificaremos algunas de sus características, pero las neuronas ignorarán esos pequeños cambios y seguirán activándose más o menos del mismo modo, una propiedad conocida como invariancia visual.

   Las neuronas de las áreas visuales superiores envían información al lóbulo temporal medial (hipocampo), zona implicada en las funciones de memoria. Las respuestas de las células del hipocampo son mucho más específicas que las de la corteza visual superior. Cada una de ellas responde a una persona en particular o, más exactamente, al concepto de esa persona: no solo a la cara o a otras facetas de su aspecto, sino también a otros atributos relacionados con ella, como su nombre.

   En los múltiples esfuerzos de entender como reaccionan las neuronas, se volvió a comprobar que, aproximadamente, son unas 18 mil neuronas las que activan en la evocación de recuerdos o conceptos.

   Claro, deberíamos tener en cuenta que una persona puede recordar como máximo unos 10.000 conceptos. Una cifra modesta en comparación con los miles de millones de células nerviosas que forman el lóbulo temporal medial. Existen razones para pensar que los conceptos pueden codificarse y almacenarse muy eficientemente en pocas células. Las neuronas del lóbulo temporal medial ignoran las variaciones de un mismo concepto: pasan por alto si la persona que recordamos está sentada o de pie, solo responden ante los estímulos que guardan alguna relación con él. Se activan ante el concepto en sí mismo sin importar el modo en que se presenta. Hacer el concepto más abstracto (activarse ante todas las variaciones que se presentan) reduce la información que la neurona necesita codificar y la vuelve muy selectiva.

   Nuestro cerebro utilizaría un número reducido de células de concepto para representar numerosas variaciones de una cosa como un concepto único. El funcionamiento de las células de concepto contribuye en gran medida a explicar el modo en que recordamos: evocamos a una persona en todas sus formas, en lugar de rememorar cada poro de sus caras. No necesitamos (ni queremos) recordar todos los pormenores de lo que nos sucede.

   



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