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domingo, 26 de abril de 2020

TALIDOMIDA



En ocasiones errores que se pueden cometer al promover un nuevo medicamento pueden ser una tragedia. En el caso de la Talidomida, provocó que alrededor de 25,000 bebés nacieran con graves discapacidades y otros 123,000 abortaran o nacieran muertos.

   La talidomida se sintetizó primero por la empresa farmacéutica suiza Ciba en 1953, y un año más tarde (1954,) por la alemana Chemie Grünenthal. Esta última consiguió la autorización para su venta farmacéutica a partir del 1 de octubre de 1957 como sedante, con claras ventajas en relación a los barbitúricos, induciendo un sueño que se decía imitaba el fisiológico, Se consideró un medicamento muy seguro por una razón: las sobredosis, accidentales o intencionadas, no eran mortales; con las dosis usadas en los estudios experimentales en animales no fue posible determinar su peligrosidad en otras áreas.

   Así pues, la talidomida se consideró un medicamento atóxico, sobre todo en relación a las alternativas disponibles en aquellos años, como los barbitúricos. Fue comercializada como tratamiento para síntomas como las náuseas y los vómitos durante el embarazo en 40 países, bajo diferentes nombres comerciales.

   En 1956 se documentó el primer caso aislado de malformaciones extremadamente infrecuentes de origen teratogénico consistente en la ausencia de elementos óseos y musculares en el miembro superior o inferior, tras la exposición a talidomida. En los 5 años siguientes se registraron en todo el mundo aproximadamente 3.000 más.  Pero los datos no fueron tomados en cuenta en ese momento.

   Un clínico y genetista alemán, Widkind Lenz, comunicó el 18 de noviembre de 1961 la posible relación entre la talidomida y graves malformaciones observadas en recién nacidos. El Dr. Lenz daba cuenta de 50 recién nacidos con terribles monstruosidades. En todos los casos sus madres habían tomado talidomida durante su embarazo. Apenas un mes más tarde (diciembre de 1961), un obstetra australiano, William McBride, relacionó este medicamento con graves deformaciones.

   En 1961, tras la publicación de la carta de Lenz sobre la capacidad teratógena de la talidomida en la revista Lancet; esta fue retirada inicialmente del mercado alemán por Grünenthal y progresivamente en todo el mundo (1961-1962).

   En algunas partes del mundo el número de casos comenzó a ser tan alarmante que el fármaco fue retirado de muchos países antes de finalizar el año. Aun cuando el laboratorio cuestionó inicialmente la relación causal, la evidencia era contundente: más de 10.000 niños de Europa, Asia y Oriente Medio nacieron con importantes efectos teratógenos tras la toma del medicamento por sus madres durante la gestación.

   Un análisis pormenorizado permitió establecer que las deformidades fetales ocurrían cuando las mujeres embarazadas ingerían el medicamento entre los días trigésimo quinto y cuadragésimo noveno día tras su última menstruación. Durante estos días, una única dosis era suficiente para desencadenar la toxicidad fetal, manifestada como ausencia de pabellones auditivos, defectos del paladar y malformaciones esofágicas y gastrointestinales. Se estima que aproximadamente el 40% de los niños afectados fallecían durante su primer año de vida, que no se limitaban exclusivamente a la afectación de las extremidades, sino que se asociaban también a alteraciones cardíacas, renales, digestivas, oftálmicas y auditivas.

   En los Estados Unidos, sin embargo, la estricta actitud de Frances Oldham Kelsey, en ese entonces una joven farmacóloga recién llegada a la Food and Drug Administration (FDA), el Organismo Regulador de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos, retrasó la autorización de comercialización, evitando de ese modo que decenas de miles, tal vez centenares de miles, de niños nacieran con los graves efectos teratógenos asociados con el fármaco. Su actitud, reconocida por el entonces presidente John Fitzgerald Kennedy con el Award for Distinguished Federal Civilian Service, desencadenó importantes cambios en la forma de trabajar de la FDA, entre otras la aprobación de la Enmienda Kefauver-Harris en el año 1962, que se tradujo en una mayor exigencia de seguridad para los medicamentos destinados a uso humano. La amarga experiencia cambió el modo de proceder en la regulación de medicamentos en todo el mundo. Los sistemas internacionales de fármaco vigilancia son una de las consecuencias de la tragedia de la talidomida.

    En México este medicamento también circuló libremente y trajo muchas desgracias personales, no conseguí la información de cuándo fue retirado del mercado. En España no fue retirado oficialmente hasta enero de 1963.

   La empresa tuvo que pagar compensaciones económicas a los afectados, aunque después de diez años de una batalla legal en Inglaterra. Pero estas fueron escasas y llegaron tarde para la mayoría de los afectados.

   Actualmente se está usando la Talidomida para combatir algunos tipos de cánceres y pacientes con lepra.




jueves, 23 de abril de 2020

BUSCANDO MEDICAMENTOS PARA EL COVID 19



El virus SARS-CoV -2 era desconocido para la ciencia en diciembre del 2019, aunque dos epidemias anteriores las ocasionaba los Coronavirus, SARS-CoV y el MERS-CoV. Estas dos epidemias desaparecieron antes de que se pudieran volver más destructivas, y los científicos no saben por qué estos virus se esfumaron. 

  Con la rapidez del contagio y un largo periodo de incubación, el nuevo coronavirus se esparcía por el mundo en cuestión de semanas. Los científicos no tenían tiempo para desarrollar un medicamento nuevo desde cero, llevaría más de un año, así que la OMS decidió buscar medicinas ya aprobadas que pudieran atacar al virus.

   La OMS decidió crear el proyecto SOLIDARITY, para que estos medicamentos seleccionados sean aplicados en pacientes muy enfermos. Se pretende que su aplicación y la recolección de datos sea lo más simple posible, para poder aplicarlo en las salas de cuidados intensivos saturadas.

   Para su estudio, la OMS eligió un antiviral experimental llamado remdesivir; el medicamento para la malaria cloroquina (o su primo químico hidroxicloroquina); una combinación de los medicamentos contra el VIH lopinavir y ritonavir; y una combinación de los medicamentos anteriores, incluyendo interferón beta, un mensajero del sistema inmunitario que puede ayudar a paralizar los virus. Los tratamientos detendrían el virus mediante diferentes mecanismos, pero cada uno tiene inconvenientes.

  Desde enero del 2020 se inició la búsqueda de estos medicamentos, encontrándose una lista larga de posibles candidatos. Algunos países como China decidieron apoyar la cloroquinina, por tener su patente liberado, y otros como Estados Unidos presentó de Remdesivir, que fue desarrollada en ese país.

   La primera que analizaremos es: Remdesivir. Es un medicamento desarrollado por Gilead Sciences para combatir el Ébola y los virus relacionados, detiene la replicación viral al inhibir una enzima viral clave, la ARN polimerasa (una proteína que ensambla las cadenas de ARN mensajero, indispensable para la fabricación de sustancias importantes para la vida de la célula). Desafortunadamente no pudo ayudar a los pacientes de Ébola en una prueba durante el brote de 2019 en la República Democrática del Congo. Pero en 2017, los investigadores demostraron en probetas y estudios en animales que el medicamento puede inhibir los virus SARS y MERS.

   El medicamento, que se administra por vía intravenosa, se ha utilizado en cientos de pacientes con COVID-19 en fase terminal en los Estados Unidos y Europa. Para su aplicación se requiere la aprobación de la compañía fabricante; Algunos médicos han reportado evidencia anecdótica de beneficio, pero no hay datos concretos. Gilead dice que ahora está comenzando a suministrar remdesivir bajo una designación más simple de "uso ampliado". Otros cinco ensayos clínicos en curso en China y Estados Unidos lo están probando. Los resultados de estas pruebas fueron exitosos y se procedió a aprobarla para los pacientes que padecien COVID19. El 65% de los pacientes que recibió durante cinco días el medicamento experimentó una mejoría significativa. De los medicamentos en el ensayo SOLIDARITY, "remdesivir tiene el mejor potencial", dice Shibo Jiang, de la Universidad de Fudan, que trabaja en terapias de coronavirus. En estos momentos las pruebas para este medicamento están en fase III.

   La cloroquina y la hidroxicloroquina han recibido una atención intensa debido a los resultados positivos de pequeños estudios y al respaldo del presidente Donald Trump. Los medicamentos disminuyen la acidez en los endosomas (pequeñas bolsas de membrana que se encuentran dentro de nuestras células), usadas para ingerir alimentos sólidos que son capturados fuera de la célula envolviéndolos con su propia membrana, y que algunos virus utilizan para invadir la célula. De hecho, el SARS-CoV-2, usando una molécula llamada espiga, se adhiere a un receptor en la membrana y la misma membrana se engloba dentro de la célula llevando con ella el virus. Una vez dentro libera su información genética en el citoplasma para fabricar copias de sí mismo y destruye a la célula en el proceso.

   Los estudios en cultivo celular han sugerido que la cloroquina puede paralizar el virus, pero las dosis necesarias generalmente son altas y pueden causar envenenamiento severo. "Los investigadores han probado este medicamento en virus tras virus, y nunca funciona en humanos", dice Susanne Herold, experta en infecciones pulmonares de la Universidad de Giessen.

   Los resultados preliminares de las pruebas hechas en China (Fecha de redacción de este artículo: 23/04/ 2020) publicaron que este medicamento ha reducido el tiempo en cuidados intensivos en los pacientes, pero no presentan pruebas de que realmente sea efectivo para atacar el COVID 19. Aunque los resultados con otros medicamentos reportan resultados similares.

   Pero está ocurriendo un caso particular en México, el hydroxychloroquine se ha agotado. Todo indica que los médicos están recetando este medicamento a las personas que llegan afectados por COVID 19, aunque no se tengan pruebas confiables de su utilidad, simplemente porque no tienen nada más que darles. Tal vez esperando un efecto placebo.

   Sucedió una serie de hechos que han despertado la atención pública hacia la ciencia. En un artículo publicado en una revista de gran peso, se decía que la administración de estos medicamentos era de un mayor riesgo potencial de eventos adversos graves relacionados con el corazón y muerte. La FDA emitió una alerta de seguridad advirtiendo a los pacientes que eviten el uso de hidroxicloroquina y cloroquina fuera de los entornos hospitalarios debido. Por que incluyen taquicardia ventricular, prolongación del intervalo QT, fibrilación ventricular y muerte en algunos casos.

   El artículo llamó la atención en todo el mundo y este medicamento se dejó de usar y de investigar. Pero muchos científicos empezaron a dudar de la veracidad de los datos que se presentaban. Por ejemplo, en número de pacientes que decían se encontraban representados era muy alto, que las dosis dadas a los pacientes eran muy elevadas y que la información fue conseguida por internet.

   Algunos de los autores que redactaron el artículo pidieron a la empresa que presentara la base de datos en bruto, sin la manipulación que se realiza al preparar los informes. Pero la compañía que proporcionó los datos se negó a hacerlo, arguyendo situaciones legales.

   El artículo fue retirado de la revista, y esperaban que todo volviera a la normalidad.

  Lopinavir-ritonavir de Abbott Laboratories, este medicamento se desarrolló para inhibir la proteasa del VIH, una enzima que divide una larga cadena de proteínas durante el ensamblaje de nuevos virus. La combinación ha funcionado en monos infectados con el virus MERS, y también se ha probado en pacientes con SARS y MERS, aunque esos resultados son ambiguos. Pero el primer ensayo con COVID-19 no fue alentador. Cuando los médicos en Wuhan, China, brindaron a 199 pacientes atención estándar con o sin lopinavir-ritonavir, los resultados no fueron significativamente diferentes, informaron en The New England Journal of Medicine el 15 de marzo. Los autores dicen que los pacientes estaban muy enfermos y que el tratamiento pudo haber comenzado demasiado tarde.

   Esperando que diera resultados se combinó Lopinavir-ritonavir con el Interferon Beta (Una molécula involucrada en la regulación de la inflamación que ha disminuido la gravedad de la enfermedad en los titíes infectados con MERS). Pero el interferón beta podría ser riesgoso para los pacientes con COVID-19 graves. "Si se administra en una etapa tardía de la enfermedad, podría conducir fácilmente a un daño tisular peor, en lugar de ayudar a los pacientes", advierte.

   El único tratamiento con resultados positivos es Remdesivir.  Las pruebas se hicieron en 53 pacientes, en fase crítica, cuyos datos fueron analizados, 22 estaban en los Estados Unidos, 22 en Europa o Canadá y 9 en Japón. En esta cohorte de pacientes hospitalizados por Covid-19 grave que fueron tratados con remdesivir de uso compasivo, se observó una mejoría clínica en 36 de 53 pacientes (68%). https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2007016

   En los casos aprobados, el tratamiento planificado fue un ciclo de remdesivir de 10 días, que consistía en una dosis de carga de 200 mg por vía intravenosa el día 1, más 100 mg diarios durante los siguientes 9 días. La terapia de apoyo debía proporcionarse a discreción de los médicos. El seguimiento debía continuar durante al menos 28 días después del comienzo del tratamiento con remdesivir o hasta el alta o la muerte.

   El medicamento remdersivir, el 4 de mayo, fue aprobado para atender a los pacientes de Coronavirus en los Estados Unidos, por el propio presidente Donald Truper.

Para mayores datos:



¿POR QUÉ PARECE QUE LOS BROTES DE COVID EMPEORARÁN ESTE INVIERNO?

  En estos momentos nadie está seguro de qué pasará a la larga con el COVID-19 en el periodo de invierno en el hemisferio norte. Pero todo...