sábado, 22 de mayo de 2021

MANTENER LA CALMA EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

 


Ante lo desconocido e imprevisible, como la pandemia de la COVID-19, imaginamos lo peor. Se trata de un sesgo cognitivo que nos lleva a sobrevalorar la repercusión de los acontecimientos trágicos.

La incertidumbre actúa como una lente de aumento dirigida a nuestros contenidos mentales que nos provocan ansiedad e influyen de manera negativa en nuestro estado de ánimo.

La terapia de aceptación y compromiso ofrece numerosas herramientas para paliar los pensamientos negativos que nos causan ansiedad. Entre estas, la difusión cognitiva.

   Una pandemia que afecta a la salud de millones de personas, una crisis económica que desestabiliza el mercado laboral, un planeta cada vez más explotado... La incertidumbre se ha instalado como invitada de honor en este principio del siglo XXI.

   ¿Cómo reaccionamos ante la incertidumbre? ¿Por qué nos sentimos a veces tan desconcertados? ¿Existen medios para gestionar mejor esta situación? Como veremos a continuación, la incertidumbre es más desestabilizadora cuando suponemos que lo incontrolable y lo desconocido están cargados de males potenciales. A menudo tememos lo desconocido porque no sabemos lo que nos deparará y porque frente a ese punto ciego tendemos a suponer que nos llegarán desastres.

Una gran trampa: la ilusión focal

   Para hacernos una idea de la brecha entre nuestras expectativas y la realidad, dejemos que nos guíen por escenarios angustiosos quienes los han atravesado realmente. En ocasiones, de boca de amigos o incluso de la nuestra, oímos frases como: «Si mi hijo se muriera, no lo soportaría», «Si mi marido me dejara, me quedaría devastada y nunca podría superarlo», «Si perdiera la movilidad de las piernas tras un accidente, preferiría morirme», etcétera. Sin embargo, estas preocupaciones a causa de un futuro hipotético responden a lo que los investigadores denominan «la ilusión focal»: damos demasiada importancia a lo que tememos y, en cambio, ignoramos otros factores que tendrían un impacto real sobre nuestro bienestar en el caso de que sucedieran.

   En un estudio longitudinal publicado en 2003 se hizo el seguimiento durante varios años de personas casadas que debían afrontar el fallecimiento de su cónyuge. El interés de este tipo de estudios reside en poder comparar el bienestar y la satisfacción de las mismas personas antes, durante y después del trance. De esta forma, el método evita el sesgo metodológico que se produce cuando se comparan personas diferentes en fases distintas del proceso de separación. Se demostró claramente que la viudedad es un acontecimiento doloroso y que el bienestar cae en picada. Pero también se puso de manifiesto que la percepción de bienestar mejora de manera progresiva a lo largo del tiempo: cinco años después, la satisfacción vital de los participantes se había recuperado hasta casi su nivel inicial, y cabe suponer que la felicidad en el día a día no presentaba ya diferencia alguna. La persona emprende entonces una nueva vida.

Una lupa que amplifica los males

   La pérdida de un cónyuge es gravosa, pero por muy dolorosa que sea, al menos puede dar lugar a nuevos encuentros que ayuden a salir de la soledad y a rehacer la vida. Pero ¿qué ocurre con las tragedias irreversibles y con resultados permanentes? ¿Qué hacer cuando un accidente provoca una discapacidad de por vida? Si se pide a participantes sin discapacidad y sin contacto alguno con personas parapléjicas que estimen el porcentaje de sentimientos tristes que estas últimas experimentan a diario, su valoración se aproxima al 70 por ciento, En otras palabras, para ellos, una persona con paraplejia experimenta principalmente emociones negativas. Tienden a pensar que la discapacidad mina la cotidianeidad y, por supuesto, consideran que, si les sucediera lo mismo, ello ensombrecería en gran medida su propia existencia.

   Resulta interesante analizar las razones que contribuyen a este sesgo de percepción. Los análisis revelan que los encuestados se imaginan únicamente las dificultades con que las personas parapléjicas se enfrentan a diario, e ignoran los aspectos más dulces de la existencia que también están presentes: pasar tiempo con la familia, ir al cine, ver a los amigos o comer en un restaurante, entre otros muchos. Las actividades agradables lo son en la misma medida para las personas con paraplejia, pero nuestro cerebro da más importancia a lo que perdemos (poder usar las piernas) que a todo lo demás. Este fenómeno se conoce como “aversión a las pérdidas”.  Influenciados por la ilusión focal, centramos la atención en ciertos parámetros en detrimento de otros más placenteros.

   Pero cuando se plantea dicha cuestión a los afectados por la discapacidad, responden que, en general, no experimentan más sentimientos amargos ni un estado anímico peor que los de las personas sanas, una vez que aceptan su nueva condición. Diversas observaciones detalladas demuestran que los parapléjicos están de buen humor más de la mitad del tiempo a partir de principios del segundo mes tras el accidente, aunque su estado de ánimo es, evidentemente, más sombrío cuando piensan en su situación. Con ello hace eco a un célebre estudio llevado a cabo por el psicólogo social Philip Brickman (1943-1982), en el que comparó el grado de bienestar de personas con paraplejia con el de ganadores de lotería. Según sus resultados, los primeros sentían casi tanto placer en su vida cotidiana como los integrantes del grupo de control y ¡más que los agraciados con la lotería! Si bien es verdad que las personas con parálisis llevan una existencia más complicada en algunos aspectos prácticos, su vida es igual de satisfactoria que para los demás. Sobre todo, cuando se produce un fenómeno de crecimiento postraumático (cambio psicológico positivo como resultado de las adversidades para alcanzar un funcionamiento vital más alto).

   Cuando no sabemos lo que nos deparará el futuro, y vemos a otras personas enfermas por un virus, afectadas por un atentado o que han perdido el empleo, la incertidumbre sobre lo que nos espera, con frecuencia, nos hace imaginar lo peor. Esta es la fuente de nuestra ansiedad. Influenciados por la ilusión focal, centramos la atención en ciertos parámetros en detrimento de otros más placenteros. Y una sola frase lo explica: «Nada en la vida es tan importante como lo que piensas y el momento en que lo piensas». Ello nos ayuda a recordar que, en nuestro teatro interior, el proyector de la atención presta una importancia desmesurada a lo que ilumina en perjuicio de lo que deja en la sombra. Y que está en nuestras manos restablecer ese equilibrio modificando la forma de pensar. No olvidemos que unos mecanismos de adaptación formidables funcionan en el cerebro para construir nuestra resiliencia y ayudarnos a superar la adversidad y recuperarnos de ella. Con toda certeza, ninguna vivencia que tengamos afectará tanto a nuestra felicidad como tememos.

 

Evitar el efecto rebote

   La incertidumbre actúa como una lente de aumento dirigida a nuestros contenidos mentales que provocan ansiedad y afectan negativamente a nuestro estado de ánimo. Los expertos lo formula de la siguiente manera: «El estado de ánimo de las personas depresivas crónicas o anoréxicas es indistinguible del de las personas sanas mientras están acompañadas y ocupadas haciendo algo que requiere concentración. Pero en cuanto están solas y sin nada que hacer, su mente es invadida de nuevo por pensamientos deprimentes y la entropía se instala en su consciencia». El sabotaje de nuestras redes de atención por parte de nuestras preocupaciones sería, por tanto, el principal responsable de la dificultad que tenemos para afrontar con serenidad la incertidumbre.

   Una vez conocido el mal, ¿cuál podría ser el remedio? Cada uno de nosotros ha sufrido la dolorosa experiencia de tener pensamientos inoportunos que invaden nuestra consciencia a pesar de nuestros intentos por no prestarles atención. Todos conocemos muy bien el efecto rebote, que nos hace pensar más en lo que nos estamos esforzando por sacar de la mente, como el oso blanco en el que el psicólogo social Daniel Wegner (1948-2013) pedía a los participantes de sus experimentos que no pensaran. Por desgracia, nos resultan familiares esas partidas de ping-pong mental interminables en las cuales cada argumento genera un contraargumento que barre al primero de inmediato. «No, no sería el fin del mundo si pierdo el trabajo. Pues si miras los índices de desempleo... Ya, más estoy cualificado y puedo demostrar una sólida experiencia profesional. Sí, pero ya no eres tan joven...»

 

Terapia de aceptación y compromiso

   Sin duda, pensar en no pensar en algo no es una estrategia exitosa, como tampoco contraargumentarse a sí mismo. Una vía más prometedora y que todos podemos utilizar para calmar la incertidumbre, incluso cuando no alcanza niveles «patológicos», proviene de los trabajos llevados a cabo por la tercera generación de terapias cognitivas y conductuales, cuya idea central radica en debilitar los pensamientos que provocan ansiedad en lugar de combatirlos en vano. Estos trabajos, validados por diversos estudios, son el origen de la denominada terapia de aceptación y compromiso (TAC). La TAC facilita múltiples herramientas para mitigar los pensamientos que causan ansiedad más allá de las psicoterapias. A este respecto, es recomendable leer el libro La trampa de la felicidad, del psicoterapeuta experto en TAC Russ Harris.

   Aprendemos que los pensamientos que provocan ansiedad no son, en sí mismos, el problema, sino el crédito que les damos. Debilitar un pensamiento significa dejar que exista en la consciencia, pero sin darle importancia. Dicho de otro modo, observarlo tal cual es, como una producción autónoma de nuestra mente, y dejarlo marchar tal como vino. Esta forma de proceder se inspira directamente en la meditación de la consciencia plena: dejamos que los pensamientos fluyan como nubes en el cielo de nuestra mente sin aferrarnos a ellos. Por ejemplo, podemos «mostrar gratitud» a la mente por las ideas que genera, incluso por las que más ansiedad nos generan, mientras produce otras nuevas y nos recuerda que, al fin y al cabo, un pensamiento no es más que un pensamiento, una sucesión de sonidos silenciosos en nuestra consciencia. Y nada más. Del mismo modo que una imagen nunca es la realidad, un pensamiento tampoco es la realidad, sino solo una representación mental de esta, la cual, además, con frecuencia se encuentra sesgada. La TAC habla de difusión cognitiva: debemos tomar distancia de nuestros pensamientos en lugar de intentar modificarlos.

sábado, 15 de mayo de 2021

LA MOTIVACIÓN PARA APRENDER DISMINUYE CON LA EDAD

A medida que las personas envejecen, a menudo pierden la motivación para aprender cosas nuevas o participar en actividades cotidianas. En un estudio con ratones, los neurocientíficos del MIT pudieron identificar un circuito cerebral que es fundamental para mantener este tipo de motivación.

   Este circuito es particularmente importante para aprender a tomar decisiones que requieren evaluar el costo y la recompensa que conlleva una acción en particular. Los investigadores demostraron que podrían aumentar la motivación de los ratones mayores para participar en este tipo de aprendizaje al reactivar este circuito, y también podrían disminuir la motivación al suprimir el circuito.

   A medida que envejecemos, es más difícil tener una actitud de levantarse y ponerse en marcha para aprender cosas nuevas. Este compromiso, es importante para nuestro bienestar social y para el aprendizaje; es difícil aprender si no asiste y no participa.

Motivación por costos y beneficios

   El cuerpo estriado es parte de los ganglios basales, una colección de centros cerebrales relacionados con la formación de hábitos, el control del movimiento voluntario, las emociones y la adicción. Durante varias décadas se han estado estudiando grupos de células llamadas estriosomas, que se distribuyen por todo el cuerpo estriado. Los estriosomas fueron descubiertos hace muchos años, pero su función seguía siendo misteriosa, en parte porque son tan pequeños y profundos dentro del cerebro que es difícil obtener imágenes de ellos con imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI).

   En los últimos años, han descubierto que los estriosomas desempeñan un papel importante en un tipo de toma de decisiones conocido como conflicto de aproximación-evitación. Estas decisiones implican elegir si tomar lo bueno con lo malo, o evitar ambos, cuando se les dan opciones que tienen elementos tanto positivos como negativos. Un ejemplo de este tipo de decisión es tener que elegir si acepta un trabajo que paga más, pero obliga a alejarse de la familia y los amigos. Tales decisiones a menudo provocan una gran ansiedad.

   En un estudio relacionado, descubrieron que los estriosomas se conectan a las células de la sustancia negra, uno de los principales centros productores de dopamina del cerebro. Estos estudios llevaron a los investigadores a plantear la hipótesis de que los estriosomas pueden estar actuando como un guardián que absorbe la información sensorial y emocional que proviene de la corteza y la integra para producir una decisión sobre cómo actuar. Estas acciones pueden luego ser fortalecidas por las células productoras de dopamina.

   Posteriormente, los investigadores descubrieron que el estrés crónico tiene un gran impacto en este circuito y en este tipo de toma de decisiones emocionales. En un estudio de 2017 realizado en ratas y ratones, mostraron que los animales estresados ​​eran mucho más propensos a elegir opciones de alto riesgo y alta rentabilidad, pero que podían bloquear este efecto manipulando el circuito.

 

   En el nuevo estudio de Cell , los investigadores se propusieron investigar qué sucede en los estriosomas cuando los ratones aprenden a tomar este tipo de decisiones. Para hacer eso, midieron y analizaron la actividad de los estriosomas mientras los ratones aprendían a elegir entre resultados positivos y negativos.

   Durante los experimentos, los ratones escucharon dos tonos diferentes, uno de los cuales fue acompañado por una recompensa (agua azucarada) y otro que fue emparejado con un estímulo levemente aversivo (luz brillante). Los ratones aprendieron gradualmente que si lamían más un pico cuando escuchaban el primer tono, obtendrían más agua azucarada, y si lamían menos durante el segundo, la luz no sería tan brillante.

   Aprender a realizar este tipo de tareas requiere asignar valor a cada costo y cada recompensa. Los investigadores encontraron que a medida que los ratones aprendían la tarea, los estriosomas mostraban una actividad más alta que otras partes del cuerpo estriado, y que esta actividad se correlacionaba con las respuestas de comportamiento de los ratones a ambos tonos. Esto sugiere que los estriosomas podrían ser fundamentales para asignar un valor subjetivo a un resultado en particular.

   Para sobrevivir, para hacer lo que sea que esté haciendo, es necesario poder aprender constantemente. Necesitas aprender qué es bueno para ti y qué es malo para ti.

   “Una persona, o en este caso un ratón, puede valorar una recompensa tan alto que el riesgo de experimentar un posible costo se ve abrumado, mientras que otra puede desear evitar el costo y excluir todas las recompensas. Y esto puede resultar en un aprendizaje impulsado por recompensas en algunos y un aprendizaje impulsado por los costos en otros.

   Los investigadores encontraron que las neuronas inhibitorias que transmiten señales de la corteza prefrontal ayudan a los estriosomas a mejorar su relación señal / ruido, lo que ayuda a generar las señales fuertes que se ven cuando los ratones evalúan una opción de alto costo o alta recompensa.



Perdida de motivación

   A continuación, los investigadores encontraron que en ratones más viejos (entre 13 y 21 meses, aproximadamente equivalente a personas de 60 años o más), el compromiso de los ratones con el aprendizaje de este tipo de análisis de costo-beneficio disminuyó. Al mismo tiempo, su actividad estriosómica disminuyó en comparación con la de los ratones más jóvenes. Los investigadores encontraron una pérdida de motivación similar en un modelo de ratón de la enfermedad de Huntington, un trastorno neurodegenerativo que afecta al cuerpo estriado y sus estriosomas.

   Cuando los investigadores utilizaron fármacos dirigidos genéticamente para impulsar la actividad en los estriosomas, encontraron que los ratones se involucraron más en el desempeño de la tarea. Por el contrario, la supresión de la actividad estriosómica condujo a la desconexión.

   Además del deterioro normal relacionado con la edad, muchos trastornos de salud mental pueden sesgar la capacidad de evaluar los costos y las recompensas de una acción, desde la ansiedad y la depresión hasta afecciones como el trastorno de estrés postraumático. Por ejemplo, una persona deprimida puede infravalorar las experiencias potencialmente gratificantes, mientras que alguien que sufre de adicción puede sobrevalorar las drogas pero infravalorar cosas como su trabajo o su familia.

   Los investigadores ahora están trabajando en posibles tratamientos farmacológicos que podrían estimular este circuito, y sugieren que entrenar a los pacientes para mejorar la actividad en este circuito a través de la biorretroalimentación podría ofrecer otra forma potencial de mejorar sus evaluaciones de costo-beneficio.

   Si pudiera identificar un mecanismo que subyace a la evaluación subjetiva de la recompensa y el costo, y utilizar una técnica moderna que pudiera manipularlo, ya sea psiquiátricamente o con biorretroalimentación, los pacientes podrían activar sus circuitos correctamente.

lunes, 3 de mayo de 2021

¿POR QUÉ ENVEJECEMOS?

 


Los recientes avances en la ciencia permiten comprender mejor los procesos que llevan al decaimiento físico y psicológico de las personas al paso de los años. Debemos aclarar que este proceso es irreversible y universal en todos los seres vivos multicelulares y así está programado nuestro genoma.

    Los científicos piensan que el decaimiento físico con la edad se debe a la acumulación de errores en la información genética que las células individuales van acumulando con el paso de los días.

   El envejecimiento se describe como un conjunto de deterioros en el funcionamiento del organismo qué están relacionados con el avance de la edad cronológica, y qué ocurre después de la madurez sexual. Estas alteraciones se presentan a nivel molecular y celular, lo que lleva a una disminución de la estabilidad fisiológica en el organismo, así como la disminución de la capacidad para realizar tareas físicas y cognoscitivas diarias, y el aumento a la susceptibilidad a enfermedades comunes y también a la muerte.

   Pero básicamente, y desde el punto de vista molecular, el envejecimiento humano es el resultado de un balance entre daño y proceso de reparación, influido tanto por cuestiones ambientales como por factores genéticos. Nuestras células se dividen, y en cada división cometen errores. Los factores ambientales externos también provocan daño en el ADN. Esos errores y daños son reparados, pero el mecanismo de reparación también falla, a veces.

   Cuantas más divisiones tengan las células y más factores ambientales dañinos se encuentren en nuestro cuerpo, más errores en las células individuales irán apareciendo. Con el paso del tiempo estos errores en la información genética se irán acumulando y, por lo mismo más posibilidades habrá de que el daño sea tan importante que la célula muera o que funcione mal. Cuando las células con errores sumen un numero grande, afectarán el funcionamiento y el aspecto de nuestro cuerpo. El problema es cuando uno de estos errores llega a ocurrir en una parte importante del genoma de la célula, entonces eso podría llevar a una enfermedad grave: como el cáncer, y otras enfermedades que deteriora el funcionamiento del organismo.

   Aunque el deterioro funcional progresivo es una característica universal del envejecimiento, existen diferencias muy grandes entre unos individuos y otros. Y aquí, además de factores ambientales importantes como el tabaquismo, consumo de alcohol y drogas, la exposición solar y la obesidad, entre otras, también desempeñan un papel muy importante en los factores genéticos y el sexo (las mujeres suelen vivir más y envejecer mejor). Lo longevidad tienen una heredabilidad estimada en aproximadamente el 10%. Las variantes genéticas que están relacionadas con un envejecimiento peor o más rápido también están relacionadas con enfermedades crónicas, como el alzhéimer, la obesidad o la diabetes.

 
¿Se puede frenar el envejecimiento?

   El envejecimiento se puede frenar o hacerlo lo más saludable posible, pero no detenerlo por completo. Esa es una ilusión narcisista y egocéntrica, y desde el punto de vista biológico no tiene ningún sentido. Tampoco desde el punto de vista psicológico, pues la eternidad no es saludable psicológicamente hablando.

      Lo que sí puede tener un efecto real en frenar un poco el envejecimiento es evitar la obesidad y los agentes tóxicos como el tabaco, el alcohol y el sol, así como aumentar los agentes benéficos: el deporte (caminar o subir siempre las escaleras cuenta o caminar cuenta, dormir bien, las actividades intelectuales. la hidratación y una alimentación saludable rica en frutas y verduras y baja en grasas y azúcares. Ello ralentiza el envejecimiento de una manera real, fisiológica y biológica. Si lo que deseas es "aparentar" que eres joven, puedes operarte, teñirte el pelo, someterte a implantes capilares, echarte cremas, etcétera, pero eso será solo superficial. Si no sigues hábitos con un efecto real, tus células y órganos seguirán igual de viejos, y tu salud también, por muchos implantes o bótox.

 

De poco vale aumentar la esperanza de vida si no aumentamos la calidad de esa vida.
 

Lo ideal es aumentar la esperanza de vida, pero añadiendo calidad a los años. Si cumples 100 años, pero pasas los últimos 20 postrado en una cama sin enterarte de nada, no merece la pena. En cambio, si el objetivo es aumentar la calidad de los años de vida, como dijimos antes, ralentizar el envejecimiento o que este proceso sea lo menos dañino posible sí resulta de interés. Y eso se consigue con prevención y hábitos saludables, y por supuesto, con medicina e investigación

UNA ADVERTENCIA DADA DESDE 2015 SOBRE EL PELIGRO DE EL CORONAVIRUS

El artículo siguiente fue publicado en la revista The Scientist el  16 de noviembre de 2015, por Jef Akst. En estos momento, donde ya hemos ...