sábado, 30 de mayo de 2020

CAZANDO CORONAVIRUS


Existen muchos virus enla naturaleza que aún no han sido descubiertos. Muchas enfermedades llegaron anosotros por contacto con animales enfermos. Pero mientras el hombre siga invadiendo sus hábitats y consumiendo animales exóticos, estos virus podrán saltar con mayor facilidad enfermando a la humanidad. La actividad humana de invadir nuevos habitad y la comercialización de especies silvestres puede ocasionar esta invasión de patógenos.

   Para comprender mejor este fenómeno seanalizaron un nuevo conjunto de datos de 33 años (1980-2013), en donde se encontraron 12,102 brotes de 215 enfermedades infecciosas humanas, que comprenden más de 44 millones de casos que ocurren en 219 naciones. De las que pasaron a los humanos de animales (Zoonóticas) fueron 139 enfermedades en 6,762 brotes, y de las ocasionadas por virus fueron 70 enfermedades en 4,901 brotes en ese plazo. Y el porcentaje aumenta año con año. 

   Shi Zhengli es una viróloga china que ha dedicado los últimos 16 años de su vida a estudiar los murciélagos que contengan virus que pudieran saltar a los humanos. Ella trabaja en el instituto de Wuhan, una filial de la Academia China de las Ciencias, y estudia los virus patógenos que pueden surgir de los murciélagos.  Fue llamada de urgencia por su jefe para pedirle que analizara las muestras de dos pacientes con neumonía atípica que se presentaron en un hospital de Wuhan.

   «Nunca pensé que algo como esto pudierasuceder en Wuhan, en el centro de China» pensó Shi. Sus estudios habíandemostrado que las provincias meridionales y subtropicales de Guangdong,Guangxi y Yunnan eran las que tenían más riesgo de albergar coronavirus quepudieran saltar de los animales a los humanos. Si los coronavirus fueran los culpables, recuerda haber pensado, «¿podrían proceder de nuestro laboratorio?». En ese momento no tomó en cuenta el mercado donde se vendían especies exótica para consumirlas como alimento.

   Mientras el equipo de Shi se apresuraba a buscar la identidad del patógeno —durante la semana siguiente relacionaron la enfermedad con el nuevo coronavirus, denominado SARS-CoV-2—, la infección se propagó. A la fecha, en China ya se habían infectado más de 84.000 personas. Alrededor del 80 por ciento vivían en la provincia de Hubei, de la que Wuhan es la capital, y fallecieron más de 4600. Fuera de China, más de 4,7 millones de personas de más de 200 países y territorios se habían contagiado con el virus, y más de 315.000 habían muerto por la enfermedad que este provoca, la COVID-19.

   Se nombraron coronavirus porque su superficie con protuberancias se asemeja a una corona solar cuando se examina bajo el microscopio. Los coronavirus eran conocidos sobre todo por causar los típicos resfriados. La epidemia de SARS vino a darles una categoría más siniestra. Fue la primera aparición de un coronavirus mortal con el potencial de convertirse en pandemia. Ese incidente ayudó a poner en marcha una búsqueda en todo el mundo de virus animales que pudieran saltar a los humanos.

   El paso de enfermedades de animales a humano (Zoonótica) era un evento poco conocido en ese momento, sólo tenían de referencia las infecciones por el virus Hendra ocurridas en Australia durante 1994, en las que el patógeno saltó de los caballos a los humanos, y la epidemia de virus Nipah en 1998 en Malasia, en la que el virus saltó de los cerdos a las personas. Se descubrió que ambas enfermedades las habían causado patógenos procedentes de murciélagos frugívoros. Los caballos y los cerdos solo fueron hospedadores intermedios. Los murciélagos que se vendían en el mercado de Guangdong también contenían trazas de virus del SARS, pero muchos científicos consideraron que se trataba de una contaminación. Wang, sin embargo, pensó que estos animales podían ser la fuente original.

   La caza de murciélagos fructíferos, después de años investigando dio buenos resultados. Descubrieron en murciélagos cientos de coronavirus de una increíble diversidad genética. La mayoría de ellos eran inocuos. Pero una docena pertenecía al mismo grupo que el virus del SARS. Pueden infectar a células pulmonares humanas en una placa de Petri, provocar enfermedades parecidas al SARS en ratones y no se ven afectados por las vacunas y fármacos que funcionan contra este síndrome en ensayos con animales.

   En muchas de las cuevas donde anidan murciélagos en las que Shi tomó muestras, la mezcla constante de diferentes virus ofrece grandes oportunidades para que aparezcan nuevos patógenos peligrosos. Si uno vive cerca de esos crisoles víricos, no necesita ser un comerciante de animales salvajes para infectarse.

  

  




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